Jonathan dice que huyó por «miedo» a unos compañeros y «no sabía cómo volver»

Tenía «miedo» porque varios de sus compañeros «le dijeron que le iban a matar». No era la primera vez que Jonathan Rashid (11 años) sufría amenazas desde su llegada al colegio Pons de Sorolla de Lerma hace poco más de un mes. Según su propio relato a este periódico, como tantas otras víctimas de bullying optó por guardar silencio dentro y fuera de casa hasta que el grado de intimidación llegó a tal extremo que temió por su integridad física.

Desesperado y sin saber muy bien qué hacer, el menor tomó la decisión de zafarse de sus acosadores evitando el camino habitual a su domicilio. Sin rumbo fijo, presa del pánico, cuando quiso darse cuenta ya se encontraba a las afueras del pueblo, en plena ribera del Arlanza. «Se hizo de noche y me perdí, no sabía cómo volver», recordaba Jonathan -dos horas después de su localización- en presencia de su madre, Katia Alub, todavía en shock después de «una noche sin dormir» pensando «que le podrían haber secuestrado o algo peor».

Completamente desorientado y con el handicap de la oscuridad para encontrar el camino de vuelta, el niño permaneció -según su testimonio- «despierto» toda la noche«dando vueltas». Los primeros rayos de luz al amanecer le ayudaron a situarse y emprender su regreso. Pero el cansancio hizo mella en el menor, que cayó rendido junto a un arbusto a orillas del río.

Mientras Jonathan deambulaba por las afueras de Lerma, su madre dio la voz de alarma al ver que tardaba demasiado en llegar. El horario de comedor en el colegio finaliza a las 15,30 horas y el trayecto, a paso normal, no excede los 20 minutos. Pero el tiempo transcurría y Katia comenzó a ponerse nerviosa.

Nada más recibir el aviso a las 17.30 horas, la central de servicios de la Guardia Civil inició un protocolo del búsqueda al que pronto se sumaron vecinos voluntarios y personal docente del colegio. De forma paralela, agentes de la Policía Judicial de Burgos se personaban en la vivienda familiar para conocer el entorno de Jonathan y determinar las posibles circunstancias que hubiesen propiciado su desaparición. Durante su declaración, la madre confesó temerse lo peor al no sospechar de un posible secuestro por parte de alguien conocido ni la situación de acoso que su hijo reveló tras ser localizado.

Entretanto, un amplio dispositivo policial con seis patrullas de distintos departamentos de la Guardia Civil -en contacto con la Policía Nacional y la Policía Autónoma Vasca- inició las labores de búsqueda y el control de vías de comunicación. Según se iba conociendo la noticia, numerosos vecinos se prestaron voluntarios durante la tarde en el Puesto de Lerma, al igual que personal del Ayuntamiento y el equipo docente del Pons de Sorolla.

La búsqueda ciudadana se suspendió de madrugada, aunque «hubo gente que se quedó hasta las 6 o las 7 de la madrugada». En este lapso de 17 horas, la angustia se apoderaba de la familia Rashid Alub. «Estábamos hechos polvo», reconocía Katia con el rostro aún desencajado por el «susto» y las ojeras que quien ha pasado «toda la noche sin dormir».

Sano y salvo
El Gordo de Navidad cayó en Lerma a las 9,15 horas. Un helicóptero del Instituto Armado que se había sumado al dispositivo de búsqueda a primera hora de la mañana divisó al menor agazapado en el arbusto que malamente le sirvió de refugio cuando ya no podía ni con su alma.

Desde tierra, una patrulla mixta de efectivos de la Unidad de Seguridad Ciudadana de la Comandancia (Usecic) y del Puesto de Lerma comprobaron que el chaval se encontraba sano y salvo, aunque presentaba leves síntomas de hipotermia debido a que su ropa estaba «completamente mojada y embarrada». A continuación, los agentes le trasladaron al centro médico de la villa, donde recibió el alta poco después dado su buen estado de salud.

Pasado el susto, pero todavía con los nervios a flor de piel, Katia agradecía «enormemente» el trabajo desempeñado por la Guardia Civil y de la Policía Nacional. Tampoco se olvidó de la «solidaridad» de «todo el pueblo» y de la implicación del subdelegado del Gobierno en Burgos, José María Arribas, que se desplazó hasta Lerma para conocer el avance del operativo.

A los tribunales
Para la familia, «lo más importante» ahora mismo es «que el niño está bien». No obstante, Katia anunció su intención de llevar el asunto «a la Fiscalía y al Defensor del Menor» para que el «acoso» al que se ha visto sometido su hijo desde que llegó al colegio no quede impune.

Según el testimonio de la madre, no es la primera vez que Jonathan es víctima de bullying. Antes de mudarse a Lerma, también sufrió algún que otro altercado en Burgos cuando estudiaba en el colegio Venerables. De hecho, tuvo que personarse en el centro después de una «pelea» con otros compañeros después de que su hijo «intentase defenderse» de quienes «le hacían la vida imposible».

Katia daba por hecho que esa etapa ya estaba superada y que su hijo se había adaptado perfectamente a su nuevo entorno escolar. En similares términos se expresaba a través de las redes sociales el jefe de estudios del Pons de Sorolla, Juan Pedro Lozano, cuando el niño todavía se encontraba en paradero desconocido. «Su integración en el centro ha sido completamente normal», esgrimió con la intención de desmentir los rumores de acoso escolar que al parecer circulaban por la red desde que saltó la noticia.

El colegio tomará medidas si se confirma el acoso
De acuerdo a las declaraciones de Jonathan, la Guardia Civil se reunió ayer por la mañana con el equipo docente del colegio Pons de Sorolla con el fin de averiguar si el profesorado estaba al tanto del presunto acoso que el menor denunció ante los agentes. La directora del centro, Isabel García, explicó a este periódico que hasta la fecha «no tenemos constancia» de que se haya registrado «ningún tipo de incidencia» en relación al menor. No obstante, subrayó la intención del centro de «recabar información» para «ver qué ha pasado». Dicho esto, apeló a la «cautela» para «no hablar precipitadamente» sobre una acusación que, sea o no verdad, resulta muy grave.

Sea como fuere, García aseguró que cada vez que surge un caso de estas características «siempre se toman medidas». Además, recordó que el colegio cuenta con una Comisión de Convivencia y un equipo de mediadores preparados para abordar este tipo de situaciones. Por lo tanto, «no hace falta que surjan conflictos para que trabajemos sobre ello», apostilló para dejar claro que también se trabaja en el ámbito de la prevención.

García también confirmó la implicación de los profesores -tanto los que viven en Lerma como los que no- en la búsqueda, que en su caso se prolongó «hasta las 2 de la madrugada».

Etiquetas: lerma

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